08/02/11

Nosotros seguiremos la aventura



Hace ya casi diez años que Francisco Ruiz Udiel me dio la bienvenida a la aventura, fue en la famosa y ya algo lejana Colinita, cuando, junto a Eunice Shade me extendió su mano y me dijo: “bienvenido a Literatosis”, la revista y grupo literario que él dirigía por aquellos años y a la que me uní por aquel entonces. Fue el responsable de publicar por primera vez un poema mío en mis primeros pasos de escritor y en sus primeros pasos como el incansable promotor cultural en que se convirtió.

Desde entonces, un sinnúmero de veces nuestros caminos se cruzaron de forma cotidiana, planeada o no planeada, pero todas las veces estar con él, tenerlo al otro lado de la mesa, era excepcional. No podría calcular cuántas risas florecieron entre nosotros, cuántas noches se llenaron y se tapizaron con nombres que admirábamos o de sus poemas que recitaba de memoria ante mi asombro, porque yo nunca pude aprenderme ni siquiera “A Margarita Debayle”.

En las noches con música Francisco siempre era una sonrisa que bailaba sin parar, lleno de bromas, verlo llegar era siempre el nacimiento de muchas sonrisas. Pero sobre todas las cosas, Francisco era irremediablemente un poeta, nació infectado de ese mal, la poesía lo rodeaba, lo arrullaba y lo apabullaba, y él se pasó la vida intentando descifrarla, intentando develar su misterio aunque fuera un poco, como un curioso irreparable que asoma un ojo abierto para observar un jardín secreto, y estoy seguro que vio grandes cosas. Como me dijo hace unos días la poeta hondureña Mayra Oyuela, Francisco fue un enigma mágico.

Fue mi amigo, mi colega y compañero de aventuras literarias. Agradezco en él su empeño sin tregua en la difusión, promoción y sobre todo la creación de nuestra pasión sin cura: la literatura. Su trabajo debe continuar, él ya dejó el camino hecho. La poesía joven de nuestro país queda huérfana de su más notable embajador. Su vida fue su mejor poema.

Estoy seguro de que Francisco nos quedó debiendo muchas cosas, desde un café para la próxima semana, hasta verlo recitando poemas en la presentación de su próximo libro Memorias del agua… Yo sólo le quedé debiendo un CD que me pedía insistentemente… Aún así estoy seguro que nos dejó más cosas de las que nos debe.

Siempre admiré su sinceridad para señalar errores en mis textos cuando los había, y admiré aún más su agradecimiento sincero cuando yo señalaba errores en los suyos. En una de esas sesiones de corrección estábamos cuando hace algunos meses me envió un cuento suyo para que le diera mi opinión; el cuento se llamaba: “Un poeta se disuelve en la lluvia”... El primero de enero, mientras despertábamos a la noticia de la muerte de Francisco, extrañamente una lluvia caía sobre la ciudad, como no recuerdo que pasara antes un primero de enero; no pude evitar pensar en el título de su cuento.

Descanse, pues, poeta en la lluvia, nosotros seguiremos la aventura. Se disuelve tu cuerpo. Nos queda tu voz.

03/11/10

Imágenes de la presentación de El Sótano del ángel en el Centro Nicaragüense de Escritores


El pasado viernes 29 de octubre en el Centro Nicaragüense de Escritores se presentó la novela El sótano del ángel junto a las otras siete obras seleccionadas por el certamen 2010 del CNE, el evento, que contó con una gran concurrencia de personas y personalidades, fue presidido por el poeta Ernesto Cardenal, Presidente Honorario del CNE, Luis Rocha, Presidente del CNE y el Dr. Carlos Tünnermann Bernheim.
Los asistentes pudieron dsifrutar de las intervenciones de cada uno de los autores.
El sótano del ángel de José Adiak Montoya ya está de venta en librerias.

Foto: Silvio Balladares






Saludando a la mesa que presidia el evento luego de dar las palabras de presentación.






Foto: Christiana Pedroni





Saludando al Poeta Ernesto Cardenal luego de las palabras de presentación de El Sótano del ángel.













Foto: Silvio Balladares











Recibiendo el primer ejemplar de la novela de manos del Dr. Carlos Tünnermann Bernheim.

Foto: Silvio Balladares










Leyendo palabras de presentación y sobre el proceso de creación de la novela.

03/08/10

El sótano del ángel, novela de José Adiak Montoya


El sótano del ángel es la primera novela de José Adiak Montoya (Managua, 1987) y una de las ganadoras del Certamen para publicación de obras literarias convocado este año, por lo que próximamente será presentada por el Centro Nicaragüense de Escritores (CNE). Sobre ésta, su autor comenta que nace a raíz de la pregunta “¿puede una persona demente llegar a enamorarse y en qué tipo de amor puede llegar a devenir esto?”. Y responde: “a raíz de eso fui elaborando una historia que calzara dentro de la pregunta, la historia nació casi sola y los personajes fueron saliendo uno por uno ajustándose a las necesidades de la trama, cada uno aportándole algo. Con anterioridad, en mi cabeza tenía a un personaje que vestía siempre de luto y no podía librarse de sus culpas, pero no sabía dónde ubicarlo, hasta que hice que estas culpas fueran la causa de su locura y calzó a la perfección en la novela, así nace Leonidas Parajón y de él nace todo, hasta el pueblo mismo en que se desarrolla la historia”.

En 2007 José Adiak Montoya publicó su primer libro, Eclipse: Prosa & Poesía (Managua: INC-ENITEL), que el crítico Erick Blandón celebró comentando que los textos en prosa de Montoya vibran de temblor poético y en los versos de los poemas suyos hay una voz narrando desde distintas perspectivas” (Nuevo Amanecer Cultural, 26/07/08). Necesaria la mención anterior para conocer ahora cómo siente José Adiak el manejo de los diferentes géneros: “…siempre he dicho que soy narrador por vocación y poeta por necesidad, la narrativa es algo que nace gustoso de mí cada vez que quiero, cada vez que tengo una idea para desarrollar, la poesía es algo que sale de mí porque tengo la necesidad de que salga, es un proceso más íntimo y muchas veces doloroso”.

José Adiak Montoya pertenece a la generación del 2000, en donde a diferencia de generaciones anteriores, además de la tradicional creación poética, empieza a mostrarse un trabajo de nuevos escritores puliendo y apostando por la narrativa. “La expectativa más grande que tengo sin embrago es que la novela sirva como un exponente de que en Nicaragua existe narrativa, que hay una generación que está trabajando el cuento y que no tiene nada extraño querer explotar la novela. Que aparezca una novela mía como primera en publicarse de esta generación me parece un mérito innecesario, quiero que la novela sea juzgada por su calidad y no por un azar generacional, estoy seguro que existen novelas inéditas y connatos de novela trabajándose en este momento y que no ven la luz por falta de oportunidad. Quiero que este libro ponga su ladrillo al grito de presente que está haciendo la narrativa en mi país”.

¿Qué opina el autor sobre su propia novela? Él responde: “la mayor ventaja que encuentro con esta novela es haberla escrito, la novela es el género al que me acerco más como lector y haber podido con ella es una gran satisfacción. Espero que los lectores la disfruten y la padezcan como la disfruté y la padecí mientras la escribía”. Para que los lectores disfruten y la padezcan, Carátula presenta la introducción de El sótano del Ángel, obra que se lanzará próximamente en el CNE:
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Algunos me preguntan qué se siente cuidar de un asesino. No respondo mucho. Qué tal si el asesino cuidó primero de mí. Es ahora extraño recordar todos los eventos que me llevaron a hacerme cargo de este hombre, de alguna forma mi vida siempre estuvo ligada a él, ahora no veo ninguna dificultad en tenerlo cerca, realmente fue lo que siempre deseé.

Lo veo ahora, tan distante al hombre que dicen que fue, digo dicen porque aunque estuve presente y de alguna manera formé parte de todo, para mí siempre ha sido esencialmente él, siempre el mismo, un hombre cuyos crímenes fueron empujados por querer cruzar la frontera del amor, por querer transgredir a una región donde solo encontró soledad.

Tal vez fue a causa de que él siempre había sido una sombra, tal vez porque aquel rostro pálido envuelto en un luto perpetuo nunca había estremecido a nadie, en aquellas perdurables calles de lodo, ninguno vio hincharse a la bestia dentro de su cabeza, tal vez había sido eso. Se levantaba dentro de su soledad cada día a la luz de los atardeceres, hasta que rostros nuevos y ajenos a su rutina demoledora comenzaron a poblar su cabeza delicada, hasta que sus horas muertas lo hicieron pensar demasiado, decidirse, aunque nunca había tomado grandes decisiones, a conquistar sus deseos grotescos, a envolverse en las fantasías crepitando en su mente.

Su vida fue una negrura, no podría abandonarlo a la suerte de sus días cuando todos piensan que es un monstruo del que hay que huir. A veces me reprendo a mi misma por no haber visto crecer en su cabeza esas ideas bizarras que lo llevaron a hacer lo que hizo. Tal vez yo pude haberlo detenido, aunque tal vez, siendo la niña que era también pude haberme unido a su plan maligno por muy increíble e imposible que pudo haber resultado la idea de atrapar un ángel de verdad. Sin embargo lo más extraño es que de cierta forma lo logró….

14/06/10

Lanzamiento de la revista literaria El HILO AZUL


El Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) presentará la primera edición de la revista literaria El hilo azul, el jueves 24 de junio, a las seis de la tarde, en el Auditorio Central de la Universidad Americana (UAM), de Managua, Nicaragua.

El nombre de la revista impresa proviene de las páginas de El Güegüence, primera obra literaria nicaragüense, que en el parlamento 297 de la traducción de Carlos Mántica A., su personaje principal dice: “¡Ah, mis tiempos! Cuando era muchacho. El tiempo del hilo azul...”.

El equipo de la revista lo conforma Sergio Ramírez (Director), Ulises Juárez Polanco (Editor) y Francisco Ruiz Udiel (Jefe de Redacción). También participan como Consejo Editorial: Claribel Alegría, Gioconda Belli, Ernesto Cardenal, Carlos Fonseca Grigsby y Luis Rocha Urtecho, presidente del CNE.

El primer número contiene un homenaje a la poeta salvanica Claribel Alegría, quien ofrecerá una lectura de poemas inéditos incluidos en la revista y que pertenecen a un futuro poemario titulado “Otredad”.

En el evento también participará el poeta Luis Rocha Urtecho y el joven escritor José Adiak Montoya, uno de los ganadores del Certamen para publicación de obras literarias, convocado este año por el Fondo Editorial del CNE.

Según Luz Marina Acosta, directora del Fondo Editorial, la revista tendrá un precio al público de setenta córdobas y se distribuirá en las principales librerías del país, entre ellas, Hispamer y Tienda de libros Literato.

Si tiene preguntas o desea hacer algún comentario, acceda al siguiente enlace:

http://www.escritoresnicaragua.com/2010/06/09/lanzamiento-de-la-revista-literaria-el-hilo-azul/

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La publicación de esta revista del Fondo Editorial ANE-Noruega-CNE es posible gracias al Programa de Apoyo a la Cultura Nicaragüense financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Noruega.

16/12/09

Noticia de libros en libertad: Eclipse: prosa y poesía de José Adiak Montoya


Por Erick Blandón


Si hubiera justicia en el universo mundo de las letras, antes de juzgar la obra del escritor, el lector debería poner en la palestra el trabajo del editor que facilita o pone en riesgo el encuentro con el autor. Tal es mi intención, descifrar primero el enigma que nos propone Rodrigo Peñalba en la composición tipográfica de la carátula de Eclipse: José Adiak Montoya Prosa & Poesía (Managua, INC-ENITEL, 2007). El nombre del autor interpuesto entre el título y el subtítulo. ¿Acaso la alegoría de un eclipse? Hay un astro pasando por la sombra de otro como ocurre con la luna cuando la tierra se interpone entre ella y el sol. ¿La ocultación del creador a la sombra de su obra?
Se tiene entre las manos medio centenar de hojas de papel Bond cubiertas con una tapa de cartón satinado. Se va a interrogar a un artefacto. Se halla uno a merced de las conjeturas. Y éstas abren las interrogantes en la misma portada de Peñalba para convertir el acto de la lectura en un diálogo incesante entre lector y escritor. A leer vamos de la mano del diseñador que no da tregua a nuestra inteligencia y nos pone a pensar sin apenas haber abierto el libro.

Duelo en la penumbra que nos adentra a la zona de tiniebla inventada por José Adiak Montoya con su Eclipse prosa y poesía. Ruptura con la claridad de los encendidos oros atribuidos a la tradición objetivista que inaugurara la Vanguardia en Nicaragua hace casi ochenta años y que pervive aun entre las generaciones más recientes de poetas. Lleva nombre de guerreros, por Adiak y por Montoya el autor que ha dicho “!Basta ya!” a la reproducción fotográfica de la realidad cotidiana o a la anécdota informativa; y fajándose con la escritura se dio a la invención de una realidad fantástica, fantasmagórica, como si procediera de la línea subjetiva, onírica y gótica que iniciara Rubén Darío con “Boca de sombra” y otros textos suyos ambientados en atmósferas tenebrosas y de descomposición, tales como los de la novela gótica del siglo XIX. Esa es la talla de este escritor que transgrede las convenciones temáticas a fuerza de trabajar la palabra y la imaginación; y cuya genealogía, anota con verdad Eunice Shade en la contraportada, no es otra sino la de Baudelaire y Edgar Allan Poe.

En un medio como el nicaragüense, donde se ha soslayado la existencia de los discursos minoritarios y alternativos al predominio de una literatura hegemónica, la creación de José Adiak Montoya debe entenderse como gesto y gesta en contra de la ideología reaccionaria vigente que impone modelos historiográficos y criterios de periodización basada en el supuesto tautológico de una literatura nacional homogénea, continua y que trasciende a las generaciones.

El trabajo que presentamos esta noche es prueba fehaciente de tal falsedad. Es una muestra de que en Nicaragua ha habido, hay y habrán voces diferentes, que superando el chauvinismo cultural se nutren de diversas fuentes y miran hacia otros horizontes, con afán de resignificar la cultura autóctona sin dejar por ello de ser auténtica literatura nicaragüense.

Un joven del siglo veintiuno que explora el inframundo, cuyo eco nos viene a nosotros por mesoamericanos del infierno de Xibalbá, que se apropia de la herencia necrófila de la literatura occidental del siglo diecinueve para poblar sus relatos de espectros que habitan en los predios de la muerte. Un autor novel signado por la impronta postmoderna que erosiona las fronteras de los géneros literarios. ¡Y en eso, también, es fiel a la herencia modernista o dariana que irrespetó, mezcló o hibridó los géneros! Aunque el subtítulo de Eclipse Poesía & Prosa, nos alerte equívocamente de la existencia de dos entidades distintas en el contenido del libro, como si prosa y poesía fueran incompatibles o, mejor, como si los textos en prosa de José Adiak Montoya no vibraran de temblor poético o como si en los versos de los poemas suyos no hubiera una voz narrando desde distintas perspectivas.

Así que a las veces sus poemas nos parecen historias y sus relatos poemas en prosa, que se abstienen del suspenso, como si se tratara de un video clip que se resiste al estatuto del thriller. Es que los textos de Eclipse nos remiten de continuo a los géneros audiovisuales y tecnológicos propios de los medios de comunicación que marcan los géneros literarios de hoy, lo cual da al trabajo de José Adiak Montoya un rasgo insólito y singular.

Trece, número mágico si los hay, son los relatos en prosa que pueden llegar a desasosegar la más plácida lectura a causa de las situaciones grotescas, misteriosas y violentas de la sección narrativa “Los muertos piensan”; y treinta los poemas de la segunda parte, titulada “De relojes y gavetas”, conjunto éste que para mi gusto representa la mejor sección del libro, sin desdoro de la primera, en tanto que los versos revelan al artista que se ha ejercitado en su oficio engarzando, puliendo, forjando como con hierro candente las palabras y las estructuras sintácticas, sin dejar por ello de privilegiar su lenguaje llano.

Es seguro que el autor sabe que en literatura, para inventar, primero hay que saber escribir; jamás descuidar el estilete, que siempre habrá que iluminar el objeto rodeado de noche, o eclipsado. Textos tenebrosos, inquietantes por oscuros y quizás perversos, se diría que fraguados a la lumbre de don Luis de Góngora y Argote, quien proverbialmente sentenciara, “sombras suele vestir el bulto bello” como si aludiera a la materia sobre la que trabaja José Adiak Montoya.

No cese el creador de inventar ni el artesano de laborar. No se detenga en su tarea de fantasear. Que no haya tregua ni reposo en sus campos de fatiga, porque la faena comienza apenas para este escritor que hoy nos muestra su garra.


Managua 24 de julio 2008

El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 26 de julio de 2008 *Erick Blandón (Matagalpa 1951) escritor y poeta, pertenece a la generción del 70, es profesor de literatura de la Universidad de Missouri, Estados Unidos. Ha publicado diversos libros
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25/08/09

FRAGMENTO DE ALGO MÁS GRANDE

Había una vez vos, que leías a Sartre y querías ser una canción de Yann Tiersen. Había una vez que llegaste revuelta entre las voces de una noche indiferente, eras anónima pero te volviste alucinación, yo andaba por ahí, como siempre, sombra noctámbula, como queriendo camuflarme entre otras sombras. ¿El escenario? ¡Claro! ¡El escenario! : un terciopelo oscuro pringado de diamantes, una noche de estrellas fugaces, un piloto suicida, llorando saber que lágrimas, surcando el cielo hasta que se acabara el combustible.
Yo era de acero, todo de acero, me disolvía en otras cosas que no eran tu nombre, temblaba en otros astros que no eran tus ojos, pero emergiste de la tristeza y los objetos se volvieron poemas, las aguas temblaron en mí, y mi sorpresa fue escupida por mi boca como un cometa furioso, inesperado y grande. Vos eras grácil, un venado inquieto, con espejuelos inocentes ocultando dos luces de hada infernal, de mujer envuelta en humo.
Y entonces mi mirada estaba condenada.
Mirada encadenada a seguir el movimiento de tu sombra para que no advirtieras que mi naturaleza seguía el movimiento de tu carne, que no existía otra cosa en la noche que el movimiento de tus manos, la llama entre tus dedos y el cigarrillo sujeto a tus labios. Y entonces con un soplo llenaste al mundo de humo y al humo de tu aliento. Pero tu mente pulsaba a lo lejos, en las luces de la cuidad tiritando despiadadas, lejanas … pero yo voy cargado de muecas, de cejas fruncidas, de llantos que he ido recogiendo por rincones, de caras que he ido guardando en las gavetas de mi estómago, tengo un mundo hecho de mundos en abandono, un desierto de piedra, un mohoso imperio en ruinas, lleno de días y rostros atónitos, de balas perdidas con nombres propios, los portones están abiertos, espero tu entrada, siempre la espero. Pero vos lejana, autista en las cuerdas de los violines, ascendiendo al cielo y descendiendo a los infiernos con tus brazos solos, con tu risa elástica comiéndose al mundo, con tus ojos de éxtasis blanco.
Y entiendo que estoy desterrado de una tierra que nunca fue tierra. Que soy ajeno de la dulce melancolía de tus pasos dejando el índice de tus huellas, la seña de “un día caminó por aquí…” que sólo me quedan las cosas que tocaste y dejaste en llamas, que solo me queda un gris mundo de cenizas.
Ando caminando en rastrojos de melancolía, floto hoy, floto en un témpano inmisericorde, irremediable como el frío, como un amor desesperanzado por los barrancos del día. De este día, tan estático, tan mudo de vos, tan sordo de risas, llenando huecos de ausencia con lluvia, con inmisericordes fatalidades retumbando en el tambor dormido de mi pecho. Solo despojos, locas constelaciones que se inventan bailando un vals sereno en mi lucidez perturbada, como un afligido anciano en un muelle carcomido por su vista.
Había una vez vos, que leías a Sartre y querías ser una canción de Yann Tiersen. Había una vez vos goteando en mi mente y nunca me alcanzaste en un poema.

24/08/08

Números Rojos


Estoy cansado de este sabor a sarro en cada diente y filo de mi boca, quisiera por un segundo, al menos uno, asomarme por esa ventana diminuta que me trae esta luz, salir de los días y saber que tal vez Él todavía este allí, esperando como siempre con su traje lóbrego y sus guantes de cuero negro, con sus ojos oscuros con los que me rozó la primera vez que clavó su vista en mi.

Quisiera no saber sus secretos, nunca haberme quedado prendido de su figura inquieta desde la primera vez que vi su foto importante en ya no recuerdo que periódico. Aun usaba sus lentes azules y ropa de color o ya no recuerdo si era su traje negro, su corbata o su uniforme de embajador de las legiones estelares. Y aquella tarde, lo vi caminando importante por la calle a medio desolar con sus guardianes como perros rabiosos tras de Él, como los perros que llegaban a hacer las algarabías de jauría indómita bajo la ventana amplia de mi casa de barrio, no como esta, no este pequeño cuadrado de luz agónica, en fin, caminaba con su prestancia de paso seguro.

Desde entonces seguí sus pasos por todos los rincones de su agenda, surcando el suelo de sus pisadas, hasta que mi presencia ya no era imperceptible para la jauría oscura de su séquito, hasta que me hicieron jurar fidelidad a su efigie inmortal y me volví yo un perro mas en la manada rabiosa de su comparsa, queriendo tenerlo cerca, recordando el calor inmenso de su mano de cuero apretando la mía la primera vez que me saludó. Él era Elvis, Sinatra, el hijo de Rimbaud y Verlaine, era todo eso y un poco mas.

Los días se fueron convirtiendo en maratones de horas infinitas de observar su espalda de hombre importante, de soñar despierto y ver en Él todo lo que quería ser, ocupar su lugar, caminar con pasos firmes y seguros y tener mi jauría propia de perros negros, de guardianes ágiles, de tener sus trajes de corte italiano y tener aquellos burdeles chillones de parrandas perpetuas para mi solo.

Me convertí de pronto en sombra, en una copia en negativo, en la imitación inmediata de sus actos y movimientos, siempre gravitando a la redonda de su cuerpo y su rostro popular, me convertí en el rostro anónimo del fondo de las tomas de televisión. Hice todo, aun recuerdo el olor dulzón y fétido de las costras de sangre de cadáveres numerosos de los que fui autor, pero mas que todo recuerdo su risa complaciente.

Vi demasiados números rojos, demasiadas cifras sin lugar, demasiada sangre oscura, supe demasiados nombres, escuché demasiadas risas, demasiado de todo, y por todo eso creía que me fundiría en su ropa, que caminaría sus pasos, que en su lecho agónico me daría el cetro de su poder…

Sin embargo llevo días aquí en esta oscuridad, solo, con una ventana de luz tenue en lo alto de este encierro. Tengo hambre y cada ruido de la noche me suena a una bala perdida que viene irremediablemente por mí.

Al jugar los últimos de nuestras vidas

Los cuatros ancianos se enfrascaban en diferentes y aburridos entretenimientos. Sentados uno a la par del otro formando una hilera de vejez y un gran caudal de años. Ninguno se percataba del olor a grasa añeja que despedía el que estaba a su lado ya que todos apestaban del mismo modo.
El cuarto oscuro, lleno de flores secas por falta de agua, cremas destapadas, envases vacíos de perfumes, fotos en blanco y negro que el tiempo había tornado amarillentas adornaban las paredes, la ropa última moda de hacía cincuenta años amontonada y revuelta sobre las sillas, en la mesita del centro de la sala habían frascos de medicamentos, algunos vacíos, otros llenos, otros medio llenos. El cenicero que parecía una fosa común de colillas de cigarrillos que se habían quemado entre ellas antes de extinguir su luz, una perpetua capa se polvo sobre el piso y en las gavetas estaba guardada cualquier cosita brillante que les habría llamado la atención y de la cual nunca más tendrían recuerdo.
Uno de ellos trataba de recordar sin mayores resultados para qué se había levantado hacía cinco minutos, recordaba que había abandonado la silla pero no recordaba para qué. Otro se sobaba entre sí los dedos que la artritis había convertido en nudos de árboles secos, el tercero sostenía con la mano temblorosa su dentadura postiza para verificar si había residuos de comida entre los dientes. El último dormía con la cabeza dislocada hacia la derecha y por el borde de su boca se chorreaba un hilo de saliva que caía sobre su pecho empapándole la camisa.
Allí estaban los cuatro, arrugados y elásticos, marionetas del olvido, llenos de várices dolorosas en sus piernas, cubiertos de canas los que tenían cabellos, mal olientes, temblorosos, con los ojos casi ciegos, con nada más que pasado, ahogándose entre ellos mismos. El que no recordaba para qué había dejado su asiento, la próxima vez que lo hiciera podría no regresar a él, el que se sobaba las manos podría dejar de utilizarlas en cualquier momento, el de la dentadura ya no tendría que revisar sus dientes, podría hoy o mañana ya no comer.
Entonces, una voz femenina llamó del fondo:
-¡Ya vengan a almorzar!
Los cuatro niños abandonaron entonces su juego de ser ancianos, se levantaron de las sillas con su común hiperactividad muerta y sin sonrisas. El juego de los últimos días de sus vidas había sido demasiado serio para ser sólo un juego.

Preludio habitual



Vamos saliendo ya del cuarto en llamas,
hemos dejado ya los pastilleros vacíos
como muecas moribundas de nuestras noches,
pero hoy han sido mis pasos pesando sobre tus huellas,
los gatos huérfanos de la madrugada han sido mi rostro azul en tu insomnio.


Hay una luna falsa de papel vagando en mi boca
Y rondando en sus suburbios,
Cazando tus sombras,
Arrancando tus letras y comiendo de ellas.

¿Sabrán leer estas letras?
hoy que tus dedos llenos de de ocio,
llenos de relojes mudos van repletos de arañas perezosas
tejiendo mi nombre,
que las calles vacías van lamiendo heridas viejas
con sus lenguas de asfalto,
hoy, el mas pequeño de los días, burlándose saltarín,
corriendo ciego con el filo de tus tijeras.


Mañana será el café de todos los días,
Será de nuevo el cuarto en llamas,
El frío de fotos viejas,
Yo sonriendo en las risas, afónico,
lejano, inmenso y al fin mudo,
Cargando trozos de silencio en los bolsillos.